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Mostrando entradas de julio, 2012

Antropología del fan

07.18.2011



Tengo problemas con los fans. Creo que en una hipotética escala de evolución humana, el fan ocupa uno de los escalones más bajos. O el más bajo. Porque en la categoría de fanático caben desde los militares que obedecen y matan sin pensar, hasta las adolescentes que se desgañitan por el cantante pop de moda. Incluidos los fanáticos religiosos, todos los fans se distinguen por intolerantes y por la falta de sentido común respecto del tema o persona al que son adictos. Porque eso son los fans: adictos capaces de todo con tal de conseguir un jalón (un disco, una bendición, una misión) de eso que los vuelve tarados y felices. No lo digo sólo por decir, sino porque (y aquí viene la penosa confesión) yo fui un fan y sé que en ese entonces era feliz y tarado.  Fui fan del sonido gronch (hazme el fabrón cavor) y compré revistas y me aprendí discos y usé playeras con los nombres de las bandas y hablaba de sus vidas como si fueran mis hijos y, como mamá cuervo, les perdonaba sus despl…

Sandoval

Es una pena que Fernando haya dejado inconcluso este ensayo sobre la biografía de Don Victor Sandoval; se apoyaba en fragmentos del poema "Hombre de soledad" y también en publicaciones de la revista Paralelo para entreverar su propia originalidad.
Última modificación: 8 de abril de 2012.






He nacido en la cólera del trigo.
La voz del poeta comenzó así su canto aquella noche del 24 de Abril de 1959, ante un público selecto que ocupaba en su totalidad las butacas del Teatro Cinema Plaza de la ciudad de Aguascalientes, lugar que por primera vez servía como escenario para la ceremonia de premiación de los tradicionales Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos.
Solo, sobre la tierra, me sustento de la protesta rápida del viento, con el surco por lecho y por abrigo.
Su Graciosa Majestad Rosita I, sentada al centro del proscenio y acompañada por sus damas de honor, aburridas todas, fastidiadas por un evento que se alargaba más de lo que ellas podían soportar,  forzaba el gesto y l…

Nadie

pa Maura



Te encuentras fumando, sabes, en la estación sin trenes, zapatos nuevos y para qué seguir pensando en que alguna vez ella quiso quererte, de todas formas los muertos no tienen tiempo para recibir en sus brazos a nadie.
Por aquí no va a pasar ningún tren, nadie, sabes. Sólo el tiempo oxidado de aquel reloj sin minutero que marca las tres y los zapatos aprietan, incómodos, nuevos y extraños, color tabaco. Hubieras sido un pésimo bailarín si con ella, aquella noche, solos.
¿Cuál noche? ¿Cuál de todas?
Aquella primera con su vestido blanco en medio del humo insomne del saloncito a donde tus pasos llegaron pidiendo una cerveza, los ojos secos de tanto aironazo por los caminos de tierra y rayos de sol blanco clavados en la piel. Una cerveza, cigarros sin filtro, un banco, un espejo y su reflejo bailando en la pálida luz de un foco salpicado de polillas nerviosas. Danzón calientito saliendo del horno musical, la vitrola italiana, irresistible nostalgia de estar contento, y s…