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Mostrando entradas de noviembre, 2012

¿Por qué alguien tendría que leer esto?

2009-07-29







Usted siempre poniéndose en boca de todos, poniéndole la boca a todos, boqueando siempre todo, todo. Usted no sabe y sabe actuar, le salen palabritas como humo sale del cigarrillo, como programa radiofónico, y usted modula y eructa y reza según el santo que le acompañe, dice y ríe y asegura tantas cosas de las que no sabe más que el nombre, antes de encontrarse en la cama, pensando, viendo los reflejos de su ventana en el techo, pensando en que le gustaría un día ser como una planta o como un sillón. Sí, como un sillón acompañado de una planta, una flor amarilla, no importa si girasol o tulipán en su florero, así nomás, en un cuarto blanco al que no entrara nadie durante días, con un librero pequeñito y vacío, una lámpara colgante en forma de cono y un zapato gris que al parecer nadie usará jamás. La flor amarilla le enseña que uno nunca es el mismo, aunque no se mueva ni sea útil, aunque no hable o no emprenda, uno es siempre otro, acumulando y perdiendo, cam…

Palimpsesto (segunda versión)

15/03/2012










Apagué la ficción con un chorro de humo frío y me puse los pantalones antes de que Denise trepara al último sueño. El sol pintaba de blanco las paredes verdes y en mi estómago el hambre marcaba las 10. Llené de leche y pizza fría. Salí a la calle silbando una melodía inventada por mí hacía ya muchos años, cuando era adolescente y estudiaba música. Subí al auto de Denise y esa mixtura olor a vómito y caramelo volvió a cerrar mi glotis por un instante. Pensé en eso, en Denise vomitando un caramelo rubí sobre los tapetes del auto, en alguna noche ebria muy lejos de nuestra primera mirada. Abrí las dos ventanillas y arranqué. Volví a admirar lo bonito de esa calle arbolada y esas casas de madera salidas de no sé dónde, como de película o serie televisiva. Podría acostumbrarme a vivir aquí, verme viejo con nietos enredados en las piernas, y una pipa grande, humeante, para las noches de fresco en la terraza. Paré en un autoservicio  a comprar un café americano. Eché…

De sogas, epitafios y eructos dedicados

Odio a mi mujer. Un odio tan profundo como el primer amor que le profesé: lento e intenso por igual. Pudiera matarla. Y digo pudiera porque quiero y no puedo. Cosas de policías, jueces y licenciados. Ella lo sabe. El día a día lo confirma minuciosamente; un gesto aquí, una pregunta sin respuesta allá, un portazo bien medido, un codazo a media noche, fingiendo dormir…


Antes de vivir con ella al único que podía despreciar era a mí mismo. Ahora sé que no hay delicia más tortuosa que desmenuzar los defectos, fallas e idioteces de alguien más. ¡Y las suyas son tantas! El tonito mustio de su voz, la mirada vacuna a la hora de comer, el hedor que deja en las almohadas, ese andar de pato, ese estómago blancuzco, la manía insoportable de reírse sola, sus ronquidos inhumanos, su indomable pereza, todas y cada una de sus opiniones, todas y cada una de sus prendas, sus hemorragias y cólicos mensuales (exactos, puntuales), los amigos de su infancia, las amigas que frecuenta, su total fa…

Jorge al final

2007-05-15














Jorge se iba a suicidar y sonó el teléfono. - ¡Tu padre se acaba de colgar en el baño! – dijo su madre con voz de bocina. Jorge fue a casa de sus padres, descolgó al muerto, lo enterró y regresó a su casa. Se iba a suicidar y sonó el teléfono. - ¡Mamá se acaba de dar un balazo en la cabeza! – dijo su hermana con voz de larga distancia. Jorge tomó un avión, asistió al velorio, abrazó a su hermana y regresó a su casa. Se iba a suicidar y sonó el teléfono. - ¡Tú hermana se tomó un litro de cicuta! – dijo su amigo Timoteo con voz de calavera. Jorge metió a su hermana en una caja, le prendió fuego y regresó a su casa. Se iba a suicidar y sonó el teléfono. - ¡Tu amigo Timoteo se aventó del piso veintinueve! – dijo su esposa con voz de teléfono público. Jorge recogió los pedazos de su amigo, se los dio a un perra callejera emabarazada, dio media vuelta y se fue a su casa. Se iba a suicidar y sonó el teléfono. - ¡Tu esposa se cortó las venas en un bar! – dijo su patrón con voz de intercomunica…

No hemos luchado por nada

No hemos luchado por nada, Por nada hemos roto nuestro cuerpo, Nada hay en nuestras banderas de estúpida inocencia. No hemos peleado por nada,
Sólo hemos llegado a lugares limpios, A pisos de espejo, A camas tendidas,
Rodeados de gente igual, complaciente y complacida, Buenos ciudadanos que no cuestionan,
Que no dudan.
Las cosas ya estaban ahí, Ordenadas, Clasificadas, Dispuestas a ser usadas, 
Pero nunca a ser movidas.
Y el tiempo cabe en la muñeca, Y el amor es un amasijo de frases hechas, Y la rabia está bien muerta.

Ella llora

Ella llora. Es su forma de cantarle al mundo. Yo hago limpieza general. Saco las bolsitas de sangre y las marañas de cabello y acomodo libros que quisiera algún día leer, algún día tener tiempo. Yo tenía tiempo, antes. Yo tenía veinte. Yo no lloro. No sé. Mi manera de cantarle al mundo es: No Sé. Mi voz cubre rangos de bajo hasta soprano, de hombre barbado a mujer delgada, de hombre triste a mujer triste: ella llora y es una noche perfecta para no saber. No quiero saber. Hago limpieza general. Los vasos van así. Las sillas van acá. El refrigerador tiene espacios claros para cada cosa: legumbres, envases, frutas, sobras. Clarísimos. Ella dice que estoy loco y yo digo que desde cuándo la locura es orden y la coherencia es caos. Pregunto. No hay respuesta. Hay orden y hay caos. Hay días. Yo nací un viernes. Ella nació un viernes. Moriré un día y tal vez ella muera un día igual. Así son las cosas. Basura todo: acá, aquí, allá. Yo no lloro. Es así y el mundo es grande. Yo soy un hombre fel…

Agüitas

   2011-11-15 





En Aguascalientes los negocios abren tarde y cierran temprano. Pue´que todavía a las 10 de la mañana no hayan abierto y dalo por seguro que cierran a las 2 para ir a comer. Luego vuelven a abrir a las 4 y apenas dando las 8 y media están poniendo ya los candados a las cortinas metálicas -casi siempre blancas, casi siempre sucias-  y para eso de las 10 de la noche aquello parece 1980 de lo tranquilo que está.

     En 1980 los taxis eran verdes y su marca era Datsun. Aguascalientes era pequeñito, ni al cuarto de millón llegaba. Había mucho descampado por todas partes, pero también había agua y se podía sembrar y tomar de la llave, con la cosa de que todos tenían los dientes cagados por el sarro, pero no pasaba de eso, no te enfermabas ni nada. Ora no hay agua. O eso dicen, que ya no hay y que vayamos pensando en cambiarle de nombre al estado. O como tantos que ya cambiaron de país y de vida, porque la verdad es que el polvo se adueña de cada vez más centímetros cuadrados …