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Humo

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- ¿Señor?
- ¿Qué pasó?
- Disculpe, pero está prohibido fumar.
- No me digas.
- Sí.
- Y yo que estaba a punto de pedirte un cenicero.
- Lo sentimos.
- ¿Quiénes?
- Pues... nosotros, el restaurante.
- “Nosotros, el restaurante”. A ver, explícame eso.
- ¿Cómo dice?
- Sí, ¿cuál es tu nombre?
- Roberto.
- ¿Cuántos años tienes?
- Diecinueve.
- Diecinueve... Bien, Roberto, explícame/
- Señor, su cigarro...
- /¿cómo es que de ser un individuo – fíjate bien: in-di-vi-duo – te transformas en un grupo indefinido y luego en una cosa, en un lugar, un negocio?
- ... ¿qué?
- “Nosotros, el restaurante”. Vayamos por partes; cuando dices “Lo sentimos”, ¿a qué te refieres?
- A eso, señor: a que tiene que apagar su cigarro.
- No, mira, es muy interesante. En el momento en que dices eso dejas de ser Roberto, el individuo, y te conviertes en sociedad anónima, pierdes los márgenes, desapareces. ¿Cuántos son los que lo sienten? ¿Dónde están? ¿Quiénes son?
- Por favor, deje de fumar.
- ¿Eres tú, Roberto, quien me lo pide o ese “nosotros” que todavía no me explicas?
- Soy yo, Roberto, quien se lo pide.
- ¿Fumas, Roberto?
- Sí.
- ¿Y en qué te molesta el que yo lo haga?
- En realidad no me molesta, sólo cumplo con mi trabajo.
- ¿Tú trabajo es prohibir a los demás que hagan lo que tú mismo haces?
- Mi trabajo es hacer lo que me ordenan.
- ¿Quiénes?
- Mi jefe.
- Otra vez me confunde tu sintaxis.
- Ya no fume.





2007-11-26

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Tal cual

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Acompañado de borrachos,
Policías
Y un coro de ranas,
A las cinco de la tarde
De un martes de diciembre,
Con los ojos vendados,
En traje de astronauta.

Yo soy el drogadicto que todos los días llama
A la estación cumbanchera
Y pide esa cancioncita
Que te alegra la mañana.

Me gusta
Que te guste
Lo que busco;
Me busca
Que te encuentre
Y haga bizcos.
Me visto
Que te pones
Lo que uso;
Me uso
Que te pase
Lo que pasa.

Yo soy el borrachito que se pone terco
Alegando tus silencios,
Blandiendo poses,
Roncando como puerco,
Y despierta enfadado
Y Perdido.
Sin pies.
Sin cogito, sin sum, sin ergo,
Para después perderse
En la más triste de las farsas,
En las faldas
De la esperanza que aun albergo
De un día verte feliz en la terraza.

Soy el buenoparanada
Que te hace de comer
Como nunca has comido
Ni volverás a hacer.
Soy el malagradecido
Hijo de puta
Bastardo y cariñoso,
Tonto y orgulloso,
Limpio y apestoso,
Que siempre te da las gracias.

El respetuoso,
El c…

Fernando Paredes

Epítetos, poesías, pituitarias

2007-02-26






Hey,


Corazón,


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