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Hoy que cumplo 30 años


07.11.2007









Hoy que cumplo 30 años creo que es tiempo de reflexionar profundamente
acerca de mi accionar en este mundo profano y singular:

La vida se me ha ido como pedo de ancianita adormecida, entre los
compromisos siempre rotos del reloj checador, la fecha importante y los
honores a la bandera. No ha sido mi efigie la mejor entre todas las
posibles, pero de nada serviría ahora ser un eco dentro de las
botellas que ya no están para apaciguar esta sed de rana en el
desierto. Ciertamente he sido bendecido por caricaturas japonesas y
lumbagos repentinos, con la gracia del verbo diarrea y la grafía
grifa que a tantos minutos han puesto de rodillas nomás pa pedir al
cielo un pedacito de nube. Tonto sería si no comprendiera ahora la
forma correcta de llenar un crucigrama dominguero o refutara la
manía de los canarios vespertinos. Aunque, debo confesar, las
niñas de catorce años me siguen provocando incontrolables
ganas de ser elástico, poderoso y con cara de adolescente bilioso.
Ya no más rocanroles aullados a las tres de la mañana: desde
ahora puro Denisse de Kalaffe o Dyango (y ya muy loco, Miguel Bosé).
Por eso, cuando el calendario me ha dicho: "Te jodiste,
compañero", he servido un poco de brandy en mi cereal de
bomboncitos, y he brindado a cucharadas por cada uno de los veintinueve
años que se me han ahogado sin remedio.

Iré, entonces, a fumarme un churro inmenso, gordo y obsceno,
sólo para confirmar que las articulaciones ya ni pueden cantar, ni
los mariachis callar, ni las estrellas pedorrearse como antaño,
otrora, tambora, píldora, Dora la exploradora, señora de las cuatro
chichis, chúpeme un poco de tristeza y véngase pa'cá.
Yo soy soy quen soy y no me parezco a naiden. Ni a Neison, ni a Tayson, ni
a Maikol Naigt.

Hoy, sí, voy a cambiar mis discos de Hendrix por los de Lupita
D'Lessio; mis libros de Grass por la colección de la revista
Cristina; mis películas de Fellini por la copia pirata de las de
Iñárritú; y mis amigos por un grupo de
recuperación anal.
Borraré todos esos cuentos que he escrito sin conciencia de lo que
hacía y dedicaré mis horas a la alabanza del único
dios verdadero: Tezcaltipoca.



Pero antes, henchido de orgullo marciano, límpido como lente
holandés, claridoso y bienaventurado como los grillitos que tragaba
Juan San Bautista, aéreo como bolsa de súper vacía,
honesto como recién nacido, parco como carretera libre, justo como
balanza de mercado popular, invito a todos ustedes a que chinguen a su puta
madre y brindemos en mi honor.


Salucita de la buena, pues.

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