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Todos fuimos Hugo Sánchez (IV)



 

Sábado, entonces. Además del uniforme me llevo en una mochila un cambio de ropa, ropa para la fiesta, para los quince años de… ¿cómo se llama su hija, seño Malu?, Angélica, de Angélica; un cambio de ropa, un traje, corbata, el saco en un gancho, ahí voy con mi saco en un gancho dentro del camión; don Carmelo encuentra más dedos en mis manos para que le ayude a cargar el bolserío mientras busca el llavero de la sirena. Seño Malu pidió permiso de salir más temprano hoy para estar en la iglesia, recibir a los invitados, esperar al fotógrafo, calentar el pozole, ver a su hija salir con su vestido acompañada por los pajes y llegar a tiempo al salón.

En la pared del fondo se ha comenzado a formar una bahía, se ven los azules de un mar idílico, siluetas de palmeras y gaviotas, Joaquincito se quedó sin trabajo; el rotulador se llama Fulgencio y maneja la brocha gorda y la pistola de aire y ni sabe nada de Klimt, ni de Klee, ni de Miró y ese sí sabe lo que es una sirena, agarró la onda rápido, escuchó los deseos pictóricos de don Carmelo y pa pronto le dibujó una rubia con cola verde, chapeteada, boca roja, pezón rosado, cinturita, recargada sobre una roca con estrellitas marinas y conchitas nacaradas, y usted sí sabe Fulgencio, eso quiero. Y Joaquincito disimula no darse cuenta de tremendo mural costeño y llega a La Curvita con tres comedores de pastillas rosas, dos del sexo femenino y uno del sexo indefinido, y Joaquincito sirve cuatro tazas de café de olla, de café con canela y piloncillo, y los cuatro hablan de las capacidades expresivas de la informática llevada al campo del arte conceptual y fuman Delicados. Así que seño Malu se va, allá nos espera, deja todo hecho, tiene que ir al banco a sacar un dinerito, y ándele pues seño Malu, allá estaremos, gracias, gracias, gracias. Un dinerito para la fiesta, el ahorro de muchas hamburguesas, el dinero guardado para que Angélica baile el vals, se ponga su vestido, la carguen los pajes, salga retratada en el periódico, brinden por ella y todos contentos, ándele pues seño Malu. Entonces me fijo en una de las acompañantes de Joaquincito, una que habla y habla, y fuma y fuma, y me fijo en sus piernas, buenas piernas, piernudota y se me hace que es de las que no se limpian después de ir al baño, y eso nadie lo sabe, o quién sabe, a lo mejor Joaquincito sabe, porque no creo que el otro sepa, y sería bueno saber si la piernudota va a ir a la fiesta y entonces le hablo a Joaquincito y le pregunto que si trae pastillas y que no, no trae, no importa, y que si la piernudota va ir a la fiesta, y que sí, sí va, bueno, ¿cómo se llama?, Patricia, bueno, ¿se limpia después de ir al baño?, que quién sabe, dice Joaquincito que la acaba de conocer, que la suya es la otra y que esa otra vino con la suya, ah bueno, entonces nada más quería saber. Y Fulgencio platica entre brochazo y brochazo con don Carmelo, le dice que él es de Tamaulipas y que las sirenas las pinta desde que tenía tres años de edad, y don Carmelo le platica que a los tres años de edad él ya andaba en barcos camaroneros, y Fulgencio dice que se vino para acá porque por allá la chamba está muy mal pagada, y don Carmelo dice que se vino para acá porque su mujer es de acá, que quiere regresar a Mazatlán pero no sabe qué esperar: si cumplir los sesenta o la muerte de su mujer, porque su mujer nomás no se muere, se enferma de todo, a cada rato, pero no se muere. Hipocondríaca. Que dice su mujer que el aire de la costa la pone mal, que el olor a pescado la enferma, que con ese sol nadie puede vivir, y Fulgencio pinta el aire de la costa, pescados saltarines entre las olas y un sol amarillo caliente, y sí, eso es lo que quiero, dice don Carmelo.
Yo con pantalones verde perico y camisa amarillo mango manila tal vez no tenga oportunidad de acercarme a la piernudota, sí tengo, pero sólo para ver si quiere más café, para cambiar el cenicero, para echarle un ojo desde una perspectiva panorámica a su escote, que no hay mucho que enseñe su escote, pero yo me conformo, no soy  exigente, y con el uniforme no se puede hacer más, todo es cuestión de ponerme el traje, aunque la piernudota no es de las que salen con trajeados, eso parece, parece que ella diseña su ropa, su ropa de colores brillantes que está arrugada, que así es como las artistas andan, las artistas de a de veras, las que no se preocupan por cómo se ven sino lo que expresan con su ropa, y yo ya me sé todo eso de la facha intelectual y reviso en mi mochila y me aseguro de que haya pastillas rosas y ahí tengo mi pase, mi atajo hacia la avenida carnosa de esas piernas, Patricia se llama y habla y habla y fuma y fuma, y Joaquincito ya le dijo algo, estoy seguro, porque Patricia voltea hacia mi con disgusto, con burla, con sorna, y no importa, todo es cuestión de trajearme y darle pastillas rosas.

Sábado, entonces le pregunto a don Carmelo que si mañana abrimos La Curvita, que claro, dice que los domingos se vende muy bien, que sí, pero que mañana todos estaremos muy cansados, muy desvelados, muy crudos, y que eso no tiene que ver, dice don Carmelo, que negocios son negocios, y yo ya pienso en faltar mañana, a ver qué pasa. Pero no pasará nada, me correrá, me dará tres días de salario y me dirá adiós Claudio, y quién sabe, a mi no me molestaría no volverme a vestir de verde y amarillo, no volver a encontrar las llaves, no volver a subirme a un camión repleto de hedores asalariados, no volver. Se me antoja ponerme muy borracho, muy empastillado, muy querendón, hocicón, bailador y todo lo que tenga que ser, me despido mentalmente del changarro, de los guisos de seño Malu, de las mesas verdes perico y las sillas mango manila, de las tortillas hechas a mano, de las tardes en que no hay más que hacer que no hacer nada, de la sirena que aun no llega a su puesto en la pared, a su roca, a su pedazo de arrecife, se puede ir al carajo, la pueden pescar los japoneses y rebanarle en lonjas la cola y venderla en salmuera como producto afrodisíaco. ¿Qué harás con tu vida, Reinaldo?, preguntará mi papá cuando le pase la sal, pero ¿qué se puede hacer con la vida?, nos hace y deshace y nos vuelve a formar, a formar en la cola del cine, en la cola de pagos, en la cola de las tortillas, en la cola del perro aburrimiento que ladra y no muerde, que se pierde en las calles y recibe patadas de niños futbolistas, no, no haré nada con mi vida, hoy voy a emborracharme.

Y llega seño Malu toda llorosa, toda moqueada, toda temblor, toda deshecha y don Carmelo dice qué pasó seño Malu, y yo qué pasó seño Malu, y Joaquincito no dice nada y seño Malu toda sufriente, gimiente, nos dice que la acaban de robar, que sacó su dinerito, que salió del banco, que llegaron dos, un señor y una señora, y que le dijeron no se qué de un premio que tenían que cobrar, que allí tenían el boleto ganador, que se lo dejaban como garantía, además de un fajo de billetes, que ese fajo ella lo vio clarito, vio clarito cómo el señor lo envolvió en un pañuelo, que era un fajo grande, y que ella les dio su dinerito, porque ellos dijeron que sólo lo necesitaban para sacar un cheque, que tomara el fajo y el boleto, y que seño Malu dijo bueno, está bien, nomás córranle, porque tengo los quince años de mi hija y que ahí se quedó con el boleto y el pañuelo y que aquellos otros no llegaron y que entonces abrió el pañuelo, y nada, sólo papelitos blancos, papelitos sin chiste, y de su dinerito nada, ni un cinco, ni un clavo, ni un tostón, nada de nada, y que qué hacía, que le dijo a un policía, que el policía dijo que ella tenía la culpa, que cómo eran aquellos, y que así y asá, y ponga su demanda, vaya a la procuraduría, y no tengo ni un peso, dijo seño Malu que el policía dijo que ni modo, que buscara alguien que la ayudara, y don Carmelo ya cálmese seño Malu, todo va a salir bien, ¿cuánto le robaron?, ochenta y cinco mil pesos, y don Carmelo dice ah caray, es mucho, a poco todo eso era para la fiesta de su hija, y seño Malu dice que no, que también era dinero para otras cosas, ochenta y cinco mil pesos, y don Carmelo piensa en cómo haría seño Malu para tener tanto dinero guardado, y todos nos quedamos mudos,  nos quedamos sin fiesta. Pobre seño Malu, pobre Angélica, pobres, pobres, ni tanto.


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