martes, junio 05, 2012

EXCUSA REQUERIDA PARA QUE EL C. FERNANDO PAREDES MILONÁS SEA ACEPTADO EN EL H. COLEGIO MARÍA VILLALOBOS REVILLA COMO PARTE DEL GRUPO DOCENTE (QUE NO DECENTE) Y ASÍ PODER APARECER EN LA NÓMINA.


Dedicado al Maestro Salvador Gallardo Topete porque seguro comprenderá las razones y los motivos del ciudadano que abajo escribe (/ers)



Bien, la idea de dar clases nace de la necesidad de compartir experiencias con los alumnos de secundaria y preparatoria que, como es sabido, son los especímenes más alborotados y desubicados de la especie humana.
Mi intención no es el “enseñarles” algo, si no el hecho de identificarme (y al mismo tiempo ellos) en el tratamiento de temas que les son importantes en su condición actual de esclavos de la hormona y seguidores de la nada.
Sé que a ustedes como institución les preocupa la formación integral de los alumnos y en este sentido creo que mi aportación sería la de un tipo que sabe (porque lo ha vivido) hasta qué punto es nociva la ignorancia. Me refiero a la ignorancia en general, a la que nos limita como personas, a la que nos hace apáticos, a la que nos exime de compromisos.
Diariamente veo, escucho y trato con gente joven que no tiene la más mínima idea de dónde tiene puesta las patas… perdón, las pezuñas. Diariamente me entero de escuinclas de 15 años que están embarazadas y no saben qué hacer, diariamente leo noticias en las que tipos de 16 años se suicidan, diariamente veo cómo hay más drogas en manos de menores de edad, diariamente los escucho hablar y pienso: “Y estos najayotes ¿de qué reclusorio salieron?”
Quiero (lo intentaría) hacerles ver que en el mundo hay muchas más cosas, muchas más oportunidades, muchas más maneras de hacer todo y que la forma es muy simple: CULTURA. Se tocarían temas tan diversos como la música, el cine, la moda, la literatura, hasta temas como la sexualidad, ciencia, drogas, en fin: todo lo que ellos vayan dando pauta para tratar.
Claro que no estaría “a ver qué se les ofrece”, yo me encargaría de llevar los “embriones” de los temas, comentaría libros, frases, autores, experiencias, etc. El caso es que ellos puedan entender que su falta de conocimientos no sólo les afecta en una boleta de calificaciones, que no se trata tan sólo de pasar materias, que el ser ignorante es lo peor para cualquiera, que de ahí nace toda violencia, toda desesperación, todo lo vacío, todo lo adictivo.
Miren, mis estimadas señoritas directoras, lo que quiero es platicar, saber qué carajos traen en sus cerebritos los chamacos estos. No hace mucho yo tenía la edad de ellos y andaba dando vueltas en el abismo, pero si algo me ha ayudado ha sido la curiosidad, las ganas de saber qué, cómo, cuándo, dónde, nunca me ha gustado el “no saber”, el que cualquier hijo de vecino me venga con que “hay cosas de las que es mejor no enterarse”. ¡A la fregada con los que piensen así! No soy erudito, ni sabio, ni un buen ejemplo a seguir (Mahoma me libre), soy, repito, muy curioso y de hecho mi intención verdadera al pedirles una oportunidad de compartir mis curiosidades es precisamente el aprender. Aprender yo, aprender de lo que ahora está en la calle, de las maneras de comunicarse con los pubertos.
La verdad no hay mejor edad que esa, en la que el mundo puede importar un pepino y al mismo tiempo se van creando aficiones, gustos, preferencias.
Poniéndome pretencioso, quiero que logren formar conceptos propios, ideas propias, que no hagan lo que hacen por mimetismo inconsciente, por copia burda, por identificación con un grupo sin identificación.
¿Que cómo le voy hacer?, bueno, no tengo idea. Nunca me he parado frente a un salón de clases a tratar de que se me escuche. Sólo voy a llevar lo que sé, lo que he visto, lo que me ha pasado, lo que le ha pasado a personas conocidas y claro, inevitablemente, lo que creo.
¿Que en qué creo? Ahí les va: creo en el individuo más que en la sociedad, creo en la paz más que en la violencia, creo en las posibilidades de la mente más que en las posibilidades de la moral, creo que la única ética es la que se forma a través de darse ranazos contra el suelo, creo que es mejor ir despacio a correr sin sentido, creo que cada uno debe creer en sí mismo, lejos de prejuicios.

De cómo preparar viruleanos*



Se les llama viruleanos
y se comen acompañados con miel.
Se los encuentra en las regiones boscosas
del norte de cualquier país.
Son fácilmente reconocibles
por su largo hocico,
la piel rugosa,
sus alas amarillas,
sus cuatro patas en forma de guadaña
y el curioso cuerito rojiblanco
que les cuelga de las nalgas.

Viven en las profundidades de los ríos,
las grutas,
los cubiles,
los panales,
las crisálidas,
las minas
y en ciertos hormigueros
que despiden aromas
mezclados de almizcle
y cenicero.

Algunos especímenes
han alcanzado
los cuatro metros
de longitud,
pero su tamaño normal
no es mayor
al de una mosca,
un ratón
o un perro.

Emiten dulces trinos
con las mismas fauces
con que devoran
y por las noches
pareciera como si llorasen
un amor perdido
en los vagones del tiempo.

Se aparean
con casi todo
lo que tenga
por dónde.

Fornican lo mismo
con un oso,
que con un topo
o un árbol.

Sir Walter Reebok,
en su libro
“Yo lo vi”,
describe su encuentro
con un viruleano
en la inmediaciones
de su propiedad
cercana a Winchester
de la siguiente manera:

“Me acerqué sigiloso
hacia el lugar de donde provenían
aquellos inconfundibles espasmos
de lubricidad femenina
y bajé del caballo
para adentrarme
en las espesuras
de la ribera.
Lo que mi ojos vieron
en ese hórrido momento
es algo
de lo que aún guardo
una profunda sensación
de asco:
Montado sobre mi hermana,
una quimera diabólica
de cabra,
lagarto
y avestruz,
daba brutales caderazos
mientras ella entornaba los ojos,
pujaba,
gemía
y decías cosas
que me niego a transcribir.

La bestia tenía
una lengua serpentina
que usaba de manera licenciosa
por todo el cuerpo
de lady Rebeca
y parecía
como si no fuera
la primera vez
que se encontraran.

Aturdido,
con el espanto y la náusea
revolviéndose por dentro,
me alejé de ahí,
no sin antes maldecir al Destino
por emparentarme
con tanta prostituta...”


Lo más fácil
es matarlos
de un balazo.

Son muy ágiles
y,
heridos,
son asesinos
despiadados.

Hay que tener cuidado
de no tirarles
a la cabeza,
sino de apuntar
directamente
al corazón.

En los especímenes
más pequeños
esto se considera
un verdadero arte:
se les mata
con un alfiler de oro
en pleno vuelo.

La única parte comestible
de un viruleano
es su cerebro.

El cráneo se remoja
una noche entera
dentro de una taza
con té de manzanilla
y dos gotas
de alcohol.

Una vez reblandecido el cráneo,
se separa cuidadosamente
haciendo ligeros cortes
longitudinales
que lo dividan en cuatro.

El líquido encefálico
debe guardarse,
mezclado con el té.

Cerebro sin hemisferios,
el de los viruleanos
es una especie de nuez
podrida y amarga
que despide un aroma
terrible.

Tenga preparado
una sartén
con aceite de glicina
a fuego lento.

Parta en delgadas
capas
un tallo de amapola
y sofría
hasta que queden crujientes.

Vierta
el aceite hirviendo
sobre el cerebro colocado
en un recipiente
de madera
que permita
el total escurrimiento
de la mezcla.

Déjelo por dos horas
a la intemperie
y cúbralo después
con un retazo de lino.

Vierta el té sobre éste
y vuélvalo a dejar
toda la noche
en su ventana.

A la mañana siguiente,
quite la tela,
saque el cerebro
y báñelo con miel.

Métalo al refrigerador,
váyase a trabajar,
maldiga su rutina,
infrinja una ley,
odie a su prójimo,
piense en el pasado,
multiplique sus derrotas,
gire a la derecha,
recuerde a Cecilia,
o a José Luis,
lea el infolio,
suscriba lo procedente,
presida su silencio,
robe un chocolate,
fume un cigarro,
póngase a cagar,
a orinar,
a contradecir su voz interna,
rásquese un huevo,
una teta,
chúpese el dedo,
planifique su futuro,
póngase metas,
elija su asiento,
cierre la boca
y observe cómo la vida pasa
sin necesitar
de su presencia.

Regrese a casa,
afloje su corbata,
su corpiño,
abra el refrigerador,
saque el cerebro,
y muérdalo
con los ojos cerrados.

En pocos minutos
usted se encontrará
volando
en un cielo amarillo
y verá brotar de su cuerpo
pequeñas escamas ambarinas.

Será entonces
usted
un viruleano
y podrá llevar a cabo
todo aquello
que le ha sido vedado.



*Texto de Fernando Paredes del libro Matamoscas 
http://revistareplicante.com/de-como-preparar-viruleanos/

Matamoscas*

Ilustración: Zertuche Slecht Leven, Aguascalientes, Ags. México. 2012. Iba a sentarme a escribir pero me puse a matar moscas. No ...