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jueves, enero 09, 2020

Cuando me veas barbón y usando sweater cachemir

Ilustración: Frida Sánchez Ríos Abarca. México, D.F.




Cuando me veas barbón
y usando sweater cachemir
no te acerques
no digas nada
Ando mal.

Traigo caspa en los ojos
Lagañas en las manos
Mocos en la boca
Escurrimientos en el corazón.

Entonces soy el cerebro
cansado de pensar

El alma inservible
del viejo transistor

El perro abandonado
por la niña de labios rojos

Y soy también
todo lo idiota que puedas imaginar.

Cuando me veas caminando
y hablándole a la calle
no te acerques
no me llames
Ando mal.

Se me ocurre matar
a la señora del peinado raro
al estudiante de zapatos blancos
a la muchacha que ríe y ríe y ríe.

Se me antoja morir

a las cinco de la tarde

a las diez de la mañana

el lunes, el martes, el miércoles

y los días de guardar.

Se me olvida tu nombre
tu cara Se me olvida
lo que te dije ayer
cuando te quería.


Cuando me veas sentado
enfrente de tu casa
llama a la policía.
Saca el cuchillo cebollero
Y vigila tras la cortina.

Ando mal
y estoy pensando
en subirme a tu cuerpo
morder tu cabello
lamerte las manos
chuparte la boca
romperte el vestido
y quedarme pegado a ti,
así,
todo el día.

Llama a los vecinos
al presidente de colonia
al diputado Barraza
a los ángeles azules
a san Benito
a san Cuauhtémoc
a san Nicolás.

Llama al imbécil ese que tanto te gusta.

Ando mal
Y estoy pensando.

Cuando me veas leyendo
un libro de forros desgastados
huye despavorida:

Un cadáver exquisito
me está enseñando
a odiar al mundo
con minucia selectiva.

Me está diciendo
que todo se repite
una y otra vez
una y otra vez
una, dos, tres.

Me está poniendo en la cabeza
pájaros moribundos
asteroides destrozados
kilos de ceniza
chapopote burbujeante
y gordas cucharadas
de inanición.

Entonces soy todos los defectos
de la Historia
la garantía vencida
el mes pasado
el agujero a donde se te fue
la risa
el cumpleaños en que nadie
tocó a tu puerta
la sensación de no estar haciendo
algo bueno
con la vida.

Soy algo informe
que te informa
de lo que nunca te querías enterar.



Pero si un día me ves esperando
a que pase un taxi
cerca de la madrugada
y respondo a tu saludo
detente
abre la puerta
invítame a subir
llévame a casa
y platícame sin prisas
cómo es que te va.

Pasaremos un buen rato
recordando aquella vez en que...

martes, enero 08, 2013

Tal cual








Yo soy el marihuano que te lleva serenata,
Acompañado de borrachos,
Policías
Y un coro de ranas,
A las cinco de la tarde
De un martes de diciembre,
Con los ojos vendados,
En traje de astronauta.

Yo soy el drogadicto que todos los días llama
A la estación cumbanchera
Y pide esa cancioncita
Que te alegra la mañana.

Me gusta
Que te guste
Lo que busco;
Me busca
Que te encuentre
Y haga bizcos.
Me visto
Que te pones
Lo que uso;
Me uso
Que te pase
Lo que pasa.

Yo soy el borrachito que se pone terco
Alegando tus silencios,
Blandiendo poses,
Roncando como puerco,
Y despierta enfadado
Y Perdido.
Sin pies.
Sin cogito, sin sum, sin ergo,
Para después perderse
En la más triste de las farsas,
En las faldas
De la esperanza que aun albergo
De un día verte feliz en la terraza.

Soy el buenoparanada
Que te hace de comer
Como nunca has comido
Ni volverás a hacer.
Soy el malagradecido
Hijo de puta
Bastardo y cariñoso,
Tonto y orgulloso,
Limpio y apestoso,
Que siempre te da las gracias.

El respetuoso,
El cactáceo,
El indolente,
El “siempre lo mismo”
Para ser diferente
Al vecino de enfrente
Que ve la tele
Con cara de baboso.

Soy Chespirito
Y los Rolling Stones;
Poeta de los malos,
Planeta de los simios,
Jaime López,
Lázaro Cárdenas,
Peter Gabriel,
Clases de cha cha chá.
Sabes que te sé bailar,
Fumas que te quiero verde,
Soy el superhéroe
Compadre de aquel señor
Con cara de perro,
Y ladro tu nombre
Para estar mejor.
¿?

Yo soy el marihuano, entonces;
El borrachito, el drogadicto
Que pasa de largo por tu larga cintura,
Que se detiene a observarte paisaje,
A nadarte represa,
A treparte árbol,
A sembrarte campo,
¿A qué hora regresas?

Me asusta
Que te asuste
Lo que pienso:
Me piensa
Tu silueta
Cuando cansa;
Me canso
De decirte
Que me canso,
Y pasa
Que no pasa
Nada.

Y te quiero así, despacito.
Y te odio así, igual.

Yo soy aquél,
Dice la canción
Que no recuerdo
Qué dice después.

Voy a drogarme, corazón;
Voy a fumar otro poquito.

Al rato te llevo serenata.


Texto de Fernando Paredes, extraído del libro: Al diablo adentro, editorial "Disculpe las molestias".

miércoles, noviembre 07, 2012

No hemos luchado por nada





No hemos luchado por nada,
Por nada hemos roto nuestro cuerpo,
Nada hay en nuestras banderas de estúpida inocencia.
No hemos peleado por nada,

Sólo hemos llegado a lugares limpios,
A pisos de espejo,
A camas tendidas,

Rodeados de gente igual, complaciente y complacida,
Buenos ciudadanos que no cuestionan,

Que no dudan.

Las cosas ya estaban ahí,
Ordenadas,
Clasificadas,
Dispuestas a ser usadas, 

Pero nunca a ser movidas.

Y el tiempo cabe en la muñeca,
Y el amor es un amasijo de frases hechas,
Y la rabia está bien muerta.

Ella llora

Ilustración: Manuel Meraz Cervantes; Gómez Palacio, Durango, México.









Ella llora. Es su forma de cantarle al mundo. Yo hago limpieza general. Saco las bolsitas de sangre y las marañas de cabello y acomodo libros que quisiera algún día leer, algún día tener tiempo. Yo tenía tiempo, antes. Yo tenía veinte. Yo no lloro. No sé. Mi manera de cantarle al mundo es: No Sé. Mi voz cubre rangos de bajo hasta soprano, de hombre barbado a mujer delgada, de hombre triste a mujer triste: ella llora y es una noche perfecta para no saber. No quiero saber. Hago limpieza general. Los vasos van así. Las sillas van acá. El refrigerador tiene espacios claros para cada cosa: legumbres, envases, frutas, sobras. Clarísimos. Ella dice que estoy loco y yo digo que desde cuándo la locura es orden y la coherencia es caos. Pregunto. No hay respuesta. Hay orden y hay caos. Hay días. Yo nací un viernes. Ella nació un viernes. Moriré un día y tal vez ella muera un día igual. Así son las cosas. Basura todo: acá, aquí, allá. Yo no lloro. Es así y el mundo es grande. Yo soy un hombre feliz, todas las mañanas salgo de casa a trabajar y canto durante doscientos cincuenta metros exactos. Canto bien. La gente me mira raro. La gente no canta porque piensa que cantar en la calle es raro. Canto ahora que hago limpieza. Ella deja pistas de su existencia por todos lados y a mí me da por borrar la presencia de los otros.
 

Pérdida de tiempo. Las cosas se desgastan y uno antes que cualquiera de ellas. Basura todo, tarde o temprano. Todo se rompe. No debería pensar en esas cosas; tengo que arreglar tantas otras: la silla, la lámpara, el baño. Y las situaciones. Y los días. Ella. Alguien, desde un lugar que no puedo precisar, dicta: todo se soluciona queriendo. Viene acompañado de árboles en fronda y pajaritos trinando: queriendo el mundo es otro. O la vida es otra. O creyendo, dictan otros. No Sé. Quizá así sea. Y quizá a unos les sea más fácil que a otros. El mundo no está mal, eso es literatura. El mundo está bien, es perfecto. Eso también es literatura. Quizá se trate solamente de gustos literarios. O de autismo. Yo, al hacer limpieza, me doy cuenta de mi lectura tendenciosa de los hechos: siempre hay algo que anda mal, algo torcido, bajo, sucio. Pero no estoy loco, puedo pensar también de la otra forma. A veces lo hago; algunas adrede, otras sin darme cuenta.

miércoles, agosto 15, 2012

Chagall







Con los siete dedos de mi mano izquierda señalo el paisaje ruso de mis primeras leches, las vacas rojas, las gallinas con cuatro patas, la cabeza aerostática de las vecinas ortodoxas. Hoy tengo una flor parisina marchitándose en mi solapa, una ventana que da a la torre Eiffel, un gato que se parece al pope imberbe que se emborrachaba en los resquicios amoratados de la iglesia con sangre de Cristo. Mi corbatín es una orquídea, mis cabellos han crecido como el trigo y mi abdomen ha perdido el frío lunar de mi tierra.

Bella está aquí, me ve con sus labios de estrella, me besa con sus piernas de pan, me cocina un platillo de memorias ferroviarias, me ama con los colores del cielo infinito. Su silencio es el mío. Sus ojos, los míos. Es como si Bella me conociera desde hace mucho tiempo, como si lo supiera todo de mi infancia, de mi presente, de mi futuro... sentí que ella era mi mujer. Su tez pálida, sus ojos. ¡Qué grandes son, profundos y negros!. Son mis ojos, mi alma.*Por las noches, un planeta de espejos se posa suavemente en las sábanas y nos reflejamos diez veces por caricia, cien veces por murmullo, mil veces por beso.

Yo era un niño verde, verde como las manzanas, verde como el moho, verde como los becerros verdes que manchan la nieve. Yo era un niño verde que escuchaba a los violinistas verdes, que vivía entre judíos verdes y soñaba verdes sueños. Y así vi a las vacas dormitar en los tejados, a los hombres del campo regresando a sus covachas sin nada en los bolsillos. Vi los suelos rojos, las amarillas sombras, las guirnaldas, los macizos alborotados de pelusa y fragancias tiernas. ¡Qué lejos todas estas cosas, que habitación tan estridente encontraron en mi cabeza!.

Un paracaidista me saluda desde la esquina de una nube, me grita: ¡Marc, desde aquí se ve tu Rusia envejecida!, y yo le pregunto si las gallinas siguen corriendo tras los gusanos, si las mujeres llevan aún sus siete faldas de tela ruda una sobre otra, si las casas persisten en tener la chimenea bajo el suelo. Pero el paracaidista se ha ido a otra nube y grita: ¡Pablo, desde aquí se ve tu España ensangrentada!...


Voy con Bella por los callejones, compramos chocolates rosas y rosas blancas, vamos a los puentes. Subo a sus hombros y caminamos sobre el Sena. Bella tiene los pechos desnudos, bajo ellos cae el blanco vestido y su pierna derecha muestra la media que quitaré con los dientes. Yo, sobre ella, sobre sus hombros, brindo por sus días enredados con los míos, le tapo un ojo, nos reímos, andamos sobre el agua, un ángel nos envidia.Somos dos gigantes enamorados.

En el circo vemos a una amazona preñada de flores, la vemos montar un unicornio, la vemos correr sobre el lomo invertido de los mitos. La música improvisa músicos, la música gitana que se posiciona del aire enrarecido, de los olores animales, y aparecen los trashumantes, los volantineros enfundados en trajes de cometa, los viejos arlequines con un cascabel en el alma. El circo, Bella, el circo es la vida, es tu amor dando giros en la pista de mi existencia, es el caminar fantástico de tus piernas, el circo. Bella, es el sitio donde mis colores viven su más profunda, su más ligera, su más libre experiencia...




Ilustraciones de Chagall (Imágenes Google)

viernes, julio 06, 2012

Nadie

pa Maura



Te encuentras fumando, sabes, en la estación sin trenes, zapatos nuevos y para qué seguir pensando en que alguna vez ella quiso quererte, de todas formas los muertos no tienen tiempo para recibir en sus brazos a nadie.
Por aquí no va a pasar ningún tren, nadie, sabes. Sólo el tiempo oxidado de aquel reloj sin minutero que marca las tres y los zapatos aprietan, incómodos, nuevos y extraños, color tabaco. Hubieras sido un pésimo bailarín si con ella, aquella noche, solos.
¿Cuál noche? ¿Cuál de todas?
Aquella primera con su vestido blanco en medio del humo insomne del saloncito a donde tus pasos llegaron pidiendo una cerveza, los ojos secos de tanto aironazo por los caminos de tierra y rayos de sol blanco clavados en la piel. Una cerveza, cigarros sin filtro, un banco, un espejo y su reflejo bailando en la pálida luz de un foco salpicado de polillas nerviosas. Danzón calientito saliendo del horno musical, la vitrola italiana, irresistible nostalgia de estar contento, y sus piernas de bronce pisando apenas el suelo cuando el clarinete se fugó por los aires simulando un ave marina.
¿Quién es ella?, pregutaste al cantinero.
Y su nombre le iba tan bien, le dibujaba un cetro de mariposas, untaba almizcle en su cabello y era voz para conjurar al misterio más profundo.
Viste tus pies descalzos, la camisa rota y el mismo espejo te mostró ese rostro hinchado y sucio que gritaba en todas direcciones tu huida, el crimen, la muerte. Indio patarrajada.
¿Cuánto cobra?
Ella no cobra; si quiere se va contigo, si no quiere... bueno, más vale que no insistas.
Otra cerveza y otra y otra y nunca animarse a llegar tan cerca para olerla, para decirle muy bajito, para saber.
Matar fue sencillo, hacer figuras hermosas con el machete, destripar al madito. Pero esto nomás no sabías cómo, no sabes, te sientes estúpido y pobre y pequeño y qué bien estaría sentirla a tu lado, sentirla centímetro a centímetro hasta abarcar todo el continente, ser ahora tú el colonizador, hacerla hablar tu lengua, hacerle de tu lengua un regalo extendido y minucioso y hacerla bajar con la lengua, desparramarse.
Te sacaste el miedo de los huesos y en ese mismo instante estalló tu corazón. Ya no huirías, sentándote, diciendo ya no importa, aquí me quedo. Borracho te dormiste y a la siguiente vuelta estabas ya fregando los pisos y sirviendo las mesas. Podían hallarte en cualquiera, reconocerte, darte uno y nada más. Podían y nada sucedió, excepto ella que de vez en cuando sonreía cuando llevabas las copas a su mesa, cuando distraído, cuando presuroso, cuando imaginabas. Y esa tarde en que te dio una caja amarilla y dijo que no estaba bien que anduvieras así, toma, póntelos, ¿te entran bien? Y los zapatos nuevos te hicieron caminar como coyote espinado por las noches y los clientes se reían mientras siete callos reventaban y ella después dijo quítatelos, yo tengo la culpa.
¿Cómo iba ella a tener la culpa? ¿Cómo podía? Se te había quitado lo asesino y aprenderías a usar zapatos, cómo de que no.

miércoles, junio 06, 2012

Julia siempre

Vamos a ver Julia, ¿por qué no dejas atrás las tristezas? Eres joven, tan bella. Tu sangre de vino tinto perfuma los espacios por donde giras. ¿Por qué no me regalas una copita?, brindemos por este día en el que nuestro respiro es filtrado por telas de invisibles caricias. Olvida todos los discursos que te propusiste aprender, todo lo que te dijo Mateo antes de colgarse de aquel árbol. Nadie es culpable y lo sabes bien. El suicidio es una decisión que debe respetarse. Toda decisión debe respetarse. Él ya estaba muerto cuando te tomó de la mano la primera vez. Eso era el extraño frío que sentías en sus labios, aquellas grietas en su mirada. Tú fuiste el último cirio que le iluminó la piel. No te apagues Julia. Podemos ir al cine a reírnos de la heroicidad norteamericana o hacer un tour por las cantinas a las que siempre has querido entrar y platicar con los borrachos con ojos de atardecer ecuatorial. Ya sé que Mateo nunca te quiso llevar con ellos y prefería quedarse en su cubil tapizado con libros y máscaras africanas. Pero él ya no anda por aquí. Se fue y ya no tendrás que ser un corazón congelado, un anaquel polvoso en el que reposan las exactas de la introspección. ¿Qué era muy inteligente?, sí, no lo dudo. También era mi amigo. Pero de qué le sirvió tanto cerebro si al final sólo construyó angustias. ¿Para qué tantas respuestas si no soportaba la pregunta esencial? Mira, yo no tengo otro anhelo que la risa. Me gusta desbaratar a carcajadas las horas que pasan. No tengo el mínimo respeto hacia quienes pretenden poseer la sabiduría, ni a quienes edifican sobre el mundo ciudades sostenidas por ciencias exactas. Tú tampoco Julia. No sigas siendo el recipiente de las pretensiones de un muerto. ¿Qué tienes tú que ver con ese montón de impotentes metafísicos? Ah, claro, ¡el arte! ¿Sabes?, hoy en día hasta las nalgas de tu vecino pueden ser arte, puedes llenar un lienzo con los mocos que te sacas día a día y presentarlo con el título de “Intimidades de un solitario” y venderlo al precio de un salario anual de un obrero sindicalizado. No Julia, no. A la vida no le hacen falta innovaciones, ni estéticas caóticas, ni vómitos intelectuales. La belleza sigue estando donde mismo, en las cosas simples, en las pocas palabras, en la entrepierna húmeda de la noche. Yo no te digo haz esto o haz lo otro. Tú sabrás cómo dibujar tus mapas. Pero me gustas Julia, siempre me has gustado.

martes, junio 05, 2012

De cómo preparar viruleanos*



Se les llama viruleanos
y se comen acompañados con miel.
Se los encuentra en las regiones boscosas
del norte de cualquier país.
Son fácilmente reconocibles
por su largo hocico,
la piel rugosa,
sus alas amarillas,
sus cuatro patas en forma de guadaña
y el curioso cuerito rojiblanco
que les cuelga de las nalgas.

Viven en las profundidades de los ríos,
las grutas,
los cubiles,
los panales,
las crisálidas,
las minas
y en ciertos hormigueros
que despiden aromas
mezclados de almizcle
y cenicero.

Algunos especímenes
han alcanzado
los cuatro metros
de longitud,
pero su tamaño normal
no es mayor
al de una mosca,
un ratón
o un perro.

Emiten dulces trinos
con las mismas fauces
con que devoran
y por las noches
pareciera como si llorasen
un amor perdido
en los vagones del tiempo.

Se aparean
con casi todo
lo que tenga
por dónde.

Fornican lo mismo
con un oso,
que con un topo
o un árbol.

Sir Walter Reebok,
en su libro
“Yo lo vi”,
describe su encuentro
con un viruleano
en la inmediaciones
de su propiedad
cercana a Winchester
de la siguiente manera:

“Me acerqué sigiloso
hacia el lugar de donde provenían
aquellos inconfundibles espasmos
de lubricidad femenina
y bajé del caballo
para adentrarme
en las espesuras
de la ribera.
Lo que mi ojos vieron
en ese hórrido momento
es algo
de lo que aún guardo
una profunda sensación
de asco:
Montado sobre mi hermana,
una quimera diabólica
de cabra,
lagarto
y avestruz,
daba brutales caderazos
mientras ella entornaba los ojos,
pujaba,
gemía
y decías cosas
que me niego a transcribir.

La bestia tenía
una lengua serpentina
que usaba de manera licenciosa
por todo el cuerpo
de lady Rebeca
y parecía
como si no fuera
la primera vez
que se encontraran.

Aturdido,
con el espanto y la náusea
revolviéndose por dentro,
me alejé de ahí,
no sin antes maldecir al Destino
por emparentarme
con tanta prostituta...”


Lo más fácil
es matarlos
de un balazo.

Son muy ágiles
y,
heridos,
son asesinos
despiadados.

Hay que tener cuidado
de no tirarles
a la cabeza,
sino de apuntar
directamente
al corazón.

En los especímenes
más pequeños
esto se considera
un verdadero arte:
se les mata
con un alfiler de oro
en pleno vuelo.

La única parte comestible
de un viruleano
es su cerebro.

El cráneo se remoja
una noche entera
dentro de una taza
con té de manzanilla
y dos gotas
de alcohol.

Una vez reblandecido el cráneo,
se separa cuidadosamente
haciendo ligeros cortes
longitudinales
que lo dividan en cuatro.

El líquido encefálico
debe guardarse,
mezclado con el té.

Cerebro sin hemisferios,
el de los viruleanos
es una especie de nuez
podrida y amarga
que despide un aroma
terrible.

Tenga preparado
una sartén
con aceite de glicina
a fuego lento.

Parta en delgadas
capas
un tallo de amapola
y sofría
hasta que queden crujientes.

Vierta
el aceite hirviendo
sobre el cerebro colocado
en un recipiente
de madera
que permita
el total escurrimiento
de la mezcla.

Déjelo por dos horas
a la intemperie
y cúbralo después
con un retazo de lino.

Vierta el té sobre éste
y vuélvalo a dejar
toda la noche
en su ventana.

A la mañana siguiente,
quite la tela,
saque el cerebro
y báñelo con miel.

Métalo al refrigerador,
váyase a trabajar,
maldiga su rutina,
infrinja una ley,
odie a su prójimo,
piense en el pasado,
multiplique sus derrotas,
gire a la derecha,
recuerde a Cecilia,
o a José Luis,
lea el infolio,
suscriba lo procedente,
presida su silencio,
robe un chocolate,
fume un cigarro,
póngase a cagar,
a orinar,
a contradecir su voz interna,
rásquese un huevo,
una teta,
chúpese el dedo,
planifique su futuro,
póngase metas,
elija su asiento,
cierre la boca
y observe cómo la vida pasa
sin necesitar
de su presencia.

Regrese a casa,
afloje su corbata,
su corpiño,
abra el refrigerador,
saque el cerebro,
y muérdalo
con los ojos cerrados.

En pocos minutos
usted se encontrará
volando
en un cielo amarillo
y verá brotar de su cuerpo
pequeñas escamas ambarinas.

Será entonces
usted
un viruleano
y podrá llevar a cabo
todo aquello
que le ha sido vedado.



*Texto de Fernando Paredes del libro Matamoscas 
http://revistareplicante.com/de-como-preparar-viruleanos/

domingo, mayo 27, 2012

VEN


déjame guiarte a un lugar
que no sé dónde está,
déjame dictar las leyes
que acabo de inventar,
déjame plantar
la raíz cuadrada de un círculo
en el marfil oculto de tus vértebras.
ya verás, ya sabrás, ya podrás
decir que todo lo que has dicho
simple y sencillamente
no vale la pena.

                      ya verás crecer
                      los huesos de los niños
                      ya verás a los aviones
                      construyendo nidos,
                      en tus ojos atardecerá
                      siempre hasta el amanecer.

de tu garganta
brotarán delfines,
                        de tus manos
                        escaparán tus dedos
                                                     y un dibujo dislocado
                                                     vestirá tu cuerpo.

serás lo que siempre has sido:

patadas al cerebro,               ya sabrás
discurso universal,               construir un árbol
estrella enmarañada,             sobre el pavimento,
oso perezoso,                      sabrás detener
soberbia,                             al planeta que pisas
suburbia,                            con tus pies
sarcasmo,                          sabrás tocar el piano
sirviente,                            sabrás pintar un cuadro
salmuera,                           sabrás bailar un tango
solsticio,                            sabrás componer un carro
sardina,                             sabrás disfrutar un trago
sordera,                            sabrás ensuciar un lago
subida,                             sabrás reírte un rato
salida,                              sabrás llorar un año
serpiente,                      
escalera,                          déjame quitarte los ojos
escafandra,                      y poner en su lugar
escroto,                          un par de telescopios
escama,                                  déjame quitarte los labios
estúpido                                  y plantar en tu rostro
                                              mis labios

déjame inventar tu casa, tu señor crucificado, tu agenda de olvidos, tus pueblos miserables, tus piernas incandescentes, tu excusa en el trabajo, tus hijos pelirrojos, tus drogas preferidas, tus caracoles herbolarios, tus horóscopos inútiles, tu historia de vaqueros, tu dermis impermeable, tus venas derretidas, tu máquina tragamonedas, tus mentiras funerarias, tus días hermosos, tus lágrimas de miel, tus miedos sanguíneos, tus horarios rotos, tus delicados flancos, tus insomnios repetidos, tus cantos vagos, serás lo que siempre has sido.

jueves, mayo 24, 2012

Mis Amigos Sudorosos


con el nick Kafkahuamilpa






Mis Amigos Sudorosos:



Hay días así como éste en el que el Este está al Norte y la puerta da a la cara de un avestruz coqueta y nada familiar; días así, con bufandas y pastillas para el aliento, sabor industrial, besos pa dentro. Y habemos hombres así, largos y desmañanados, amañados y fulanos, perplejos, rotos, esmirriados y con uñas sangrantes, diciendo cosas que nadie escucha y cuando escuchan nadie entiende. Somos MAS de lo que cualquier economista casado con una bióloga pudiera descifrar; MAS que los folículos que en el mismo sitio pudieran crecer; MAS que un cardumen de camarones evolutivos nadando en espiral. Hay días -y habemos hombres- en medio de todo eso, luchando por comprender la lucha, por ponerle comas y acentos a la muda esperanza de no ser sólo hombres y días perdidos en algún milímetro de universo. ¿Pero es que esto no es así? Lo es, nada que decir; pero no queremos decir nada; tan sólo cantar una melodía vieja como el agua: Ave abba vía bola / búho verde viendo vacas/ velo varo libio ave...


O tal vez quiero decir que esto se acaba de descomponer irreparablemente, se fracturó el código y se quemó la cabeza, el circuito central de nuestra coraza. Sin sal la tierra, sin mar la sal, sin pez la boca, sin boca el coral. Tal vez quiero hacerles saber que mi patria está muriéndose de pena, de penes atravesándola toda, penes negros como la conciencia de mis queridos traidores, mis adorados hermanos, mis hijos, mi nietos y sus hijos verdugos, suicidas, diputados. Tal vez ando pidiendo un poco de pólvora, un tantito de xilocaína, un chorrito de muerte y destrucción...

Pero, ná qué, tengo que trabajar. Sueño que despierto y te beso dormida. Hola.



Atte.
Ya veremos.

jueves, mayo 17, 2012

EL TIEMPO ES UNA VARIABLE


2003-10-29






¿Vienes?
Aquí todo sigue bostezando,
Las aves caen dormidas,
El humo de mis cigarros se estanca en cualquier silencio.
Tengo mentiras por contarte,
Mentiras que te hagan reír.
Los policías siguen rondando, dormidos,
Las jóvenes sueñan con príncipes drogados
Y en la calle he visto tu rostro en todos los rostros.
¿Vienes?
La ropa se me cae, dormida, sucia y borracha,
Me como los dedos
Y nadie es lo que necesito.
El calendario anda con muletas de acero
Y en la televisión repiten películas malísimas
(las he visto todas, setecientas veces).
Tengo música para guiar a la noche a través del insomnio,
Los gatos buscan mi ventana para gemir
Y los vicios ya no me divierten.
Ayer se queda esperando a que mañana se quede esperando
A que hoy no espere nada más.
¿Vienes?

lunes, mayo 07, 2012

Hoy fui a casa de Martina


2009-10-22







Hoy fui a casa de Martina. Ella vestía un ramo de violetas y yo un sombrero de alcanfor. Le besé la mano, le dije buenas tardes, le sonreí como a una nube benefactora, y Martina creció tres metros, expelió aromas deliciosos y, muy alegre, me invitó a pasar. Ya en la sala, su perro siberiano me saludó con entusiasmo. Nos quedamos platicando, el perro y yo, mientras Martina preparaba el té en la cocina. Es asombroso lo mucho que sabe ese perro acerca de historia del oriente. Cuando Martina y yo estuvimos sentados uno frente al otro, volví a sentir esos globos de la primera vez; globos que se inflaban y se desinflaban ruidosamente en mis sienes, golpeando por todo mi interior. El perro siberiano se alejó, al tanto de mis humores, de los colores de Martina y de su programa favorito de televisión. La tarde pasó como en un carromato tirado por arcángeles, en un paseo azucarado y festival. La amo, es usted la risa de mi sangre, la calma de mi sueño, el cuerpo que me duele cuando no la tengo. Y yo le amo a usted, caballero. Amo sus amores sin demora, las moras de su cabello ensortijado, la sortija de diamantes con el que me ha de comprar. Fuimos felices intercambiando un ojo y varios dedos y cuatro labios y residuos oleaginosos. Me lleno de valor cuando sus palabras dibujan escopetas derrocadoras de regímenes espurios y pienso en lo necesario que es morir por un ideal. Martina se apasiona, me apasiona, me aprisiona, me pisa y me vuelve a levantar, me recorta las orillas, me zurce con esmero, me esmerila los ribetes y recoge estalactitas de mi mano. Fue una tarde maravillosa, de no ser por mi cobardía de enfrentarla y declararle la forma de mis deseos; por no dibujarle, por no tatuarle con mis dedos, con mi sangre, las palabras exactas de mi penar. Creo que ella se cansará pronto si no lo hago ya. Su perro puede desanimarla más pronto de lo esperado y llevársela al oriente, donde dice ser dueño de un campo de trigo. Eso me pone triste como un foco a media tarde, tarde luminosa, cegadora. Martina se merece las minas del rey Salomón y nieve de durazno todos los días. Yo merezco a Martina, sus muslos hirvientes, sus pechos totales, su silueta en el portal. No obstante, algo comprendo de todo esto: el amor es duro como dura es la cabeza de los asnos. Temo caer en lo que tantas veces he visto: la abulia, el aburrimiento mortal de las parejas. Prefiero matarla o matarme, prefiero herirla y desesperarme. No. Prefiero a Martina caminando a la orilla de una noche sofocante, vestida con bisteces de gorrión, mientras yo la espero en la terraza, enfundado con un traje de tabaco.

Mañana, mañana volveré a ver a Martina...

sábado, mayo 05, 2012

Alguien se rasura el sueño

2007-12-19









Alguien se rasura el sueño con agua fría
Y los primeros autos ruedan como ratones sedados.
Estornudan las ventanas
Y alguien más se ha puesto a memorizar algoritmos.
Ascendente
La vida flota en el austero desayuno
Del hombre que construye la casa de quien lo ignora.
Mujeres limpias,
Con el cabello húmedo y la boca fresca
Saturan autobuses con el frutal aroma de sus rutinas.
Los diarios salen del horno
Y las panaderías nos informan que el hambre sigue viviendo entre nosotros.
Alguien toma una escoba nueva
Y barre los huesos del día anterior.
Vibran los cables
Y alguien más bosteza.
Un niño se hace hombre
Y aprende a besar las nalgas de su patrón.
Ruidos que se untan en los poros
Como un betún aislante.
Zapatos, corbatas, direcciones,
Reloj,
Plan maestro,
Beso de los buenos días.
Alguien se inclina masticando sus plegarias
Y las naves industriales continúan remando
Sin moverse.
Bailan las hojas
Y alguien más se ha puesto a correr entre los hombres
Que arrastran la vista y encienden la luz.

sábado, abril 28, 2012

Canción

Esta canción se canta
con cuatro cigarrillos
encendidos en la boca

Se canta en las noches calurosas
vacaciones de verano
sudando
rodeado de cervezas

Es buena para nada
como todo lo realmente bueno

y es amarilla y pelirroja
ligera
tibia
un tanto cuanto amarga
un tanto cuanto boba

Habla de cosas sencillas.
Es una canción como cualquiera otra
perdida entre millones Una de esas
que descubres un día
grabada en el hipotálamo
y la reconoces íntima
clara
tuya

a pesar de tus años
y de tus lúgubres aficiones

Porque es una canción
ante todo
emparentada con la sonrisa

y dan ganas de cantarla
muy bajito
al oído de cualquiera

Canción que descubre lo que estaba ahí
frente a nosotros
No oculto
sino ignorado
olvidado
sucio

como si de pronto cayéramos en la cuenta
de la falta que nos hace.

Canción piyama
Y canción vacuna
Canción paraguas
Canción sanguínea
Canción ropero
Y canción alforja
Canción secreto
Canción veleta

Canción para hombres solos y mujeres gordas

Canción callada

silenciosa:






viernes, abril 27, 2012

Humo

¨








- ¿Señor?
- ¿Qué pasó?
- Disculpe, pero está prohibido fumar.
- No me digas.
- Sí.
- Y yo que estaba a punto de pedirte un cenicero.
- Lo sentimos.
- ¿Quiénes?
- Pues... nosotros, el restaurante.
- “Nosotros, el restaurante”. A ver, explícame eso.
- ¿Cómo dice?
- Sí, ¿cuál es tu nombre?
- Roberto.
- ¿Cuántos años tienes?
- Diecinueve.
- Diecinueve... Bien, Roberto, explícame/
- Señor, su cigarro...
- /¿cómo es que de ser un individuo – fíjate bien: in-di-vi-duo – te transformas en un grupo indefinido y luego en una cosa, en un lugar, un negocio?
- ... ¿qué?
- “Nosotros, el restaurante”. Vayamos por partes; cuando dices “Lo sentimos”, ¿a qué te refieres?
- A eso, señor: a que tiene que apagar su cigarro.
- No, mira, es muy interesante. En el momento en que dices eso dejas de ser Roberto, el individuo, y te conviertes en sociedad anónima, pierdes los márgenes, desapareces. ¿Cuántos son los que lo sienten? ¿Dónde están? ¿Quiénes son?
- Por favor, deje de fumar.
- ¿Eres tú, Roberto, quien me lo pide o ese “nosotros” que todavía no me explicas?
- Soy yo, Roberto, quien se lo pide.
- ¿Fumas, Roberto?
- Sí.
- ¿Y en qué te molesta el que yo lo haga?
- En realidad no me molesta, sólo cumplo con mi trabajo.
- ¿Tú trabajo es prohibir a los demás que hagan lo que tú mismo haces?
- Mi trabajo es hacer lo que me ordenan.
- ¿Quiénes?
- Mi jefe.
- Otra vez me confunde tu sintaxis.
- Ya no fume.





2007-11-26

jueves, abril 26, 2012

El nombre que mata




El nombre que mata salió disparado de tu garganta, explotó en tu boca y en un segundo partió en dos al aire, al muro de tu casa, la tranquilidad del vecindario, con sus letras en combustión, dejándote seca por dentro, rotos los labios.
Lo presentí, sentado en mi recámara, antes de que su vibración tomara por asalto a la ciudad. Algo en la luz cambió, algo en mi sangre tornose pesado y lento. Todo cuanto fue tocado por el nombre se perdió en la sombra, cayó al suelo, dejó. La perpendicular de su destino trazó un raíl de minúsculos cadáveres y objetos repentinamente envejecidos; una suerte de rastro apenas perceptible, como dejado por un trépano invisible y veloz.
Supe lo que habías hecho (que lo habías hecho) y pude verte consumida en cenizas, desapareciendo milímetro a milímetro, desde dentro. Ni siquiera intenté escapar; ambos sabíamos que una vez liberado, una vez dicho, su final era el nuestro. Y sentí miedo; dejé de ver y oír, como encerrado de pronto en una cápsula de compresión. Luego, me abandoné sin defensas. Pensé en los distintos colores de tu cabello, en el gesto de tu rostro, y asentí gravemente, comprendiéndolo todo. Un último y profundo suspiro, mirando nada, con la mueca del que sabe que ya nada más habrá de saber, repentinamente iluminado.

Aquí viene ya.

Inflación



a Carmen








te voy a inflar de nuevo
soplando por el dedo gordo de tu pie derecho
porque no me gusta este estilito tuyo
tan esbelto y fotogénico.

no me gusta que de pronto seas hermosa
sólo porque ser hermosa requiera una talla 5
como esas muñequitas enfermizas desde el molde.

quiero que vuelvas a tus formas orondas
y se rehumedezcan de sudor tus pliegues
marlboro light perpendicular entre los labios
desaliñada
gajo de toronja
esponja de baño
colchón de carne blanca
tibia
y temblorosa.

espero que de vez en cuando te embutas paquetes de mc donalds
combos de nachos, palomas y refresco
twinky wonders
capuccino moka
despatarrada en tu salita
cobijada de las piernas
piernas fofas y abundantes
con tu colección de películas lacrimógenas
dispuestas de viernes a domingo.

será que uno se acostumbra
al paisaje que representa el otro
a sus grietas y protuberancias
a sus cimas y rebordes
y cuando la civilización interviene
con manos y aparatos de nombres europeos
algo indefinido se pierde para siempre
algo irremplazable
a favor de una estética concreta.

y sí
ahora que tus discusiones resultan graciosas
y te ha dado por componer poemitas de amor
y exiges que te quieran más que nunca
y te ríes porque reírse es lo que te toca
ahora que eres hermosa
te vuelven a buscar aquellos que habías dado por muertos
muertos así como están.

no me malentiendas
estoy de acuerdo con el espejo.
sé que eres insegura
como lo somos todos los vanidosos.
es sólo que pienso que a la naturaleza
hay que dejarla extenderse como síntoma de plenitud.

por eso quiero inflarte de nuevo
porque esa es tu ligereza
no esta languidez de lirio preso.

total
para como van las cosas
ser gorda pronto estará de moda.


viernes, diciembre 10, 2010

AE




Diviértete, sé feliz
Fotografía: Fernando Paredes - Aguascalientes, México, 2007




Diviértete, sé feliz. A veces quisiera escribir algo en el francés de Rimbaud, decir algo como Michel Platini. Es tan bueno fumar a estas horas. Juega, córtate el pelo. A los niños les sale humo blanco de las orejas y las hormigas trepan arbolitos navideños. Podría decirse que los accidentes nos tienen aquí; que el zodiaco, los fármacos, la tristeza y el subsuelo complotaron para estrellarnos labio con labio, ojo con ojo, pierna con pierna; o podríamos dibujar un gato y morirnos de tedio.

Mejor no; mejor ponte bonita y hazme de cenar. Prepárame un marxista enfrijolado, con tortillas de dialéctica y un choco de Lacan; hay queso capitalista, chiles ejidatarios y un sindicato de legumbres huelguistas que habrá que reprimir. Sé bien que nada sé de Sócrates; que lo mío, lo mío, lo mío, son las puñetas. Pero, oye, juega. Diviértete. Sal a incendiar un árbol, un perro, una ancianita. Llénate las manos con lodo y dibuja tus paleolíticas memorias en la pared junto al baño. Córtate el pelo así como te lo cortas cuando tienes treintaytantos y parece que tienes dieciséis.

Perdón, pero mañana estaré peor: me reiré, giraré la tarde, chuparé una nube, escribiré tres rosas y compraré poesía: Me fui de mi pueblo un día en que mi pueblo cambió de lugar
Yo insisto en esto, en lo necesario, en la soledad. Lo siento, pero no sé construir otra clase de iglús. Los hielos, acá, son chiquitos y sirven para conservar fresca la idiotez. Tú juega, pretende ser una mariposa verde con ojos láser y cantos de soprano. Yo me quedo piedra en mi cuchillo, agua en fondo de charco.

Sé feliz, córtate el pelo, mañana estaré peor. Le dije un día al amor: “Ya no me estés jodiendo, manito. Ando en los puros huesos y me arde la memoria. En serio, campeón, estoy derrotado”. Entonces me volví pluma de almohada, fumé pesadillas interminables, ahogué pollitos en el escusado, violé revistas con dibujos rojos y me suicidé seis veces antes de dormir. No creas que voy a confesarme aquí, es innecesario. Soy transparente como zapato negro guardado en caja de regalo. Lo que quiero decir es esto: Il m’est bien évident que j’ai toujours été race inferieure. Je ne pavis comprendre le révolte. (Es evidente que siempre he sido de raza inferior. No comprendo la rebeldía)…

Bueno, ya hablé like Rimbaud.
Eso es todo. Tú juega.

martes, diciembre 07, 2010

Acá Flotantes



bien.

acá flotantes hay como tres millones de pájaros, bolsas vacías, papelitos sucios y cacas caninas.

éstas últimas, claro, no flotan enteras, sino que tiene que pasar la estación veraniega, el sol carcoma, para que se conviertan en finísimo polvo dorado y se mezclen con los átomos del viento.


según datos aportados por comisiones de medio ambiente, todos inhalamos veintitrés kilos de mierda al año. Si a eso juntamos los cuatro kilos diarios que (des)cargamos al día, llegamos a la pasmosa suma de un mundo barnizado con heces.


pero los flotantes, se me olvidaba...
sí, acá también se ven OVNIS entre agosto y diciembre, en las inmediaciones de la sierra madre, atrasito de una loma.
es bonito el espectáculo.
el que más me gusta es uno verde con forma de gato que siempre deja un aroma a tacos cuando se va.

y no se me olvidan los globos, las almas santas y los aviones comerciales.

ni los sueños que andan buscando durmientes para encarrilar sus historias de color pescado con ojos de niña rencorosa. O esos otros con las patitas flacas y el estómago cargado de sonidos minerales. O esos de celofán naranja que giran cada vez más alto al momento de introducirse a las arterias del sopor.


flotantes, flotantes,
como cinco narcotraficantes con jet privado.


y los suicidas, caramba, casi se me olvidan. Al año serán como unos sesenta y cinco que flotan un poquito antes de estrellarse contra el suelo.

lo más raro que he visto flotar ha sido un tomo del Quijote. No una hoja, ni dos o tres: un tomo entero, con pasta, forros y separador-tirita-de-tela. Flotaba a poco más de metro y medio del suelo y más de un viandante tuvo que agacharse para no ser golpeado por tamaña ingeniosidad. Nadie intentó agarrarlo. Ni yo, porque ya tengo dos tomos en la casa. Quien sabe si era de alguien o se escapó de alguna librería rematadora de best sellers en la que se sentía fuera de contexto. Ya ves luego cómo se ponen los clásicos.


yo floté una vez, pero nadie me vio. Por eso no lo cuento, porque parece como si me estuviera esforzando por decir algo así muy impresionante, muy loco, muy acá. Pero es verdad que floté durante unos minutos sobre mi cama, una noche de 1998, a eso de once de la noche. No fue premeditado, ni resultado de algún ejercicio orientalista-mentalista, ni nada por el estilo. Yo sólo recuerdo haberme tirado a dormir y de repente abrí los ojos para darme cuenta de que el techo estaba a unos centímetros de mi naríz, y mi espalda a dos metros del suelo. No hice nada. De hecho me pareció normal el estar flotando. Creí que era un sueño, primero, y luego, cuando supe que no, me preocupé por lo que pudiera pensar mi padre al encontrarme así, gravitando plácidamente. Poco a poco fui cayendo en la cama y sintiendo una distención total en los huesos.

pensé: "estuvo bien", y dormí como un lirón.



¿has visto dormir alguna vez a un lirón?
yo no.
ni siquiera estoy muy seguro de lo que es un lirón.

¿es como un ratoncito? ¿o como un oso?


sí, bueno, acá flotan toreros y versos en su honor. y nubes muchas y hojas tantas.



pero la población en general no flota.



siempre hay charlatanes que aseguran lo contrario o estadísticas como hechas por un mago.
pero no es cierto eso de que somos una población flotante de millón y medio de personas.

¿te imaginas la cantidad de gasolina que ahorraríamos?

al gobierno eso no le conviene.


además, hay que tener bien plantados los pies y no estar pensando en distracciones tan burguesas.


domingo, diciembre 05, 2010

Burgués

Por la boca mueren el pez y el necio. Los necios son peces a los que se les sofríe lentamente en mantequilla. La matequilla es el caviar de las vacas. Las vacas son mujeres tetonas y estúpidas. Las tetonas estúpidas son muy buenas esposas y a las buenas esposas se les engaña con la comadre.
La comadre, por lo común, se llama Graciela.

Aprendí que al búnker se le escamotea desde dentro. Se necesita paciencia de Gandhi para continuar retando al imperio social y yo no soy hindú que sólo requiere semillas de girasol para vivir. Además, me gusta que el mundo sea como es: injusto, represor, temeroso y asesino; es decir, humano. Y al decir Humano, también digo ingenioso, loco, asombroso constructor de fantasías, insaciable soñador de belleza, accidente premeditado para que el universo pueda ser un vecindario ancestral. Y también digo: apocado, ignorante, vanidoso, hablador, traicionero, solitario, eyaculador precoz.

Me gusta que los buenos tengan cosas que ocultar y que los malos sean ejemplares padres de familia. Me gusta que los revolucionarios pierdan y los ateos vayan a misa. Me gusta que algo cambie para que todo siga igual.
Lo único que no me gusta es que las mejores mujeres las traigan los chaparros panzones con mucho dinero.

Hay que reírse, con ojos chiquitos y lengua seca. Hay que tirarse a ver cómo todo pasa y después volverse a tirar. Hay que tomar conciencia y hacer con ella una hoguera los días de frío polar.

Yo abogo por la mediocridad, por pasar como Juan por su casa, sin que nadie diga, sin que nadie apunte, sin que nadie voltee. No confundir, pero tampoco aclarar nada. No retar, pero ganar la partida. No interrumpir, simplemete retirarme cuando esté harto.
Que la mantis religiosa aparente ser una brizna de césped es lo que la hace peligrosa.
Aunque el único peligro real que represento es para conmigo.

Ningún sistema político-económico, ninguna revolución acaudillada, ni una sola de las filosofías salvan al hombre de seguir siendo hombre. El Papa caga igual que el asesino, el asesino sueña igual que el poeta, el poeta sana igual que la enfermera, la enfermera fuma igual que sus pacientes, los pacientes van desde el presidente hasta el señor que cayó de su bicicleta, sangrando igual que el cerdo, el perro o la gallina.

Me informan los genetistas que la diferencia entre un chimpancé y la nueva Miss Universo representa sólo el 2% de la información del ADN, y que ese porcentaje no se refiere a la cantidad sino al acomodo de los cromosomas. Es decir que no somos peludos y felices nomás porque nosotros tenemos una A donde ellos tienen una T.
Aunque es sabido que varios chimpacés son reconocidos estadistas.


Yo me hago pendejo discretamente. Mi capacidad de asombro disminuye o crece según como haya dormido anoche. Soy un truhán, soy un señor, laralála.
Desengañado, no deprimido. Deprimido, no desesperado. Desesperado, pero me sobra el tiempo. Dirán: “Este es un pinche burgués”. Contestaré: “Claro, y le voy al América”. (Los burgueses estamos en peligro de extinción y el mundo, se los aseguro, nos extrañará).

Matamoscas*

Ilustración: Zertuche Slecht Leven, Aguascalientes, Ags. México. 2012. Iba a sentarme a escribir pero me puse a matar moscas. No ...