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sábado, junio 09, 2012

Estudiante empapelado



 

La receta es ésta: 
  • Kinder (3 años)
  • Primaria (6 años)
  • Secundaria (3 años)
  • Preparatoria (3 años)
  • Universidad (de 3 a 7 años)



Póngase todo en un molde previamente embadurnado con deberes y obligaciones y agregue veinte cucharadas de prejuicios sociales. Revuelva bien, hasta formar una masa donde las individualidades se fundan de tal manera que la uniformidad de la pasta no deje dudas acerca de su integración total y asegúrese de que los grumos y reclamos desaparezcan. Vierta licores amargos de bilis de maestro y lágrimas de niños y unas cuantas amenazas de mediocridad. Cuando ya esté bien asustado proceda con el rodillo de la moral y aplánelo hasta formar una gran tortilla. Rellene con futuros preestablecidos y oportunidades limitadas y haga rollitos de idéntico tamaño y forma. Si por algo no quedaran igualitos, hágalos a un lado y quédese con los que no representen problemas. A los otros déjelos en la mesa de cualquier psiquiatra, que ya sabrá qué hacer con ellos. No se deje reposar. Adórnelo con medallas y diplomas y sírvalo inmediatamente en los platos que tengan espacio, sin importar si son los indicados o no. Si su paladar es más exigente, puede agregar una especialidad (o varias) y disfrutarlo plácidamente acompañado de botanas obreras y un buen vaso de sudor campesino.


martes, junio 05, 2012

De cómo preparar viruleanos*



Se les llama viruleanos
y se comen acompañados con miel.
Se los encuentra en las regiones boscosas
del norte de cualquier país.
Son fácilmente reconocibles
por su largo hocico,
la piel rugosa,
sus alas amarillas,
sus cuatro patas en forma de guadaña
y el curioso cuerito rojiblanco
que les cuelga de las nalgas.

Viven en las profundidades de los ríos,
las grutas,
los cubiles,
los panales,
las crisálidas,
las minas
y en ciertos hormigueros
que despiden aromas
mezclados de almizcle
y cenicero.

Algunos especímenes
han alcanzado
los cuatro metros
de longitud,
pero su tamaño normal
no es mayor
al de una mosca,
un ratón
o un perro.

Emiten dulces trinos
con las mismas fauces
con que devoran
y por las noches
pareciera como si llorasen
un amor perdido
en los vagones del tiempo.

Se aparean
con casi todo
lo que tenga
por dónde.

Fornican lo mismo
con un oso,
que con un topo
o un árbol.

Sir Walter Reebok,
en su libro
“Yo lo vi”,
describe su encuentro
con un viruleano
en la inmediaciones
de su propiedad
cercana a Winchester
de la siguiente manera:

“Me acerqué sigiloso
hacia el lugar de donde provenían
aquellos inconfundibles espasmos
de lubricidad femenina
y bajé del caballo
para adentrarme
en las espesuras
de la ribera.
Lo que mi ojos vieron
en ese hórrido momento
es algo
de lo que aún guardo
una profunda sensación
de asco:
Montado sobre mi hermana,
una quimera diabólica
de cabra,
lagarto
y avestruz,
daba brutales caderazos
mientras ella entornaba los ojos,
pujaba,
gemía
y decías cosas
que me niego a transcribir.

La bestia tenía
una lengua serpentina
que usaba de manera licenciosa
por todo el cuerpo
de lady Rebeca
y parecía
como si no fuera
la primera vez
que se encontraran.

Aturdido,
con el espanto y la náusea
revolviéndose por dentro,
me alejé de ahí,
no sin antes maldecir al Destino
por emparentarme
con tanta prostituta...”


Lo más fácil
es matarlos
de un balazo.

Son muy ágiles
y,
heridos,
son asesinos
despiadados.

Hay que tener cuidado
de no tirarles
a la cabeza,
sino de apuntar
directamente
al corazón.

En los especímenes
más pequeños
esto se considera
un verdadero arte:
se les mata
con un alfiler de oro
en pleno vuelo.

La única parte comestible
de un viruleano
es su cerebro.

El cráneo se remoja
una noche entera
dentro de una taza
con té de manzanilla
y dos gotas
de alcohol.

Una vez reblandecido el cráneo,
se separa cuidadosamente
haciendo ligeros cortes
longitudinales
que lo dividan en cuatro.

El líquido encefálico
debe guardarse,
mezclado con el té.

Cerebro sin hemisferios,
el de los viruleanos
es una especie de nuez
podrida y amarga
que despide un aroma
terrible.

Tenga preparado
una sartén
con aceite de glicina
a fuego lento.

Parta en delgadas
capas
un tallo de amapola
y sofría
hasta que queden crujientes.

Vierta
el aceite hirviendo
sobre el cerebro colocado
en un recipiente
de madera
que permita
el total escurrimiento
de la mezcla.

Déjelo por dos horas
a la intemperie
y cúbralo después
con un retazo de lino.

Vierta el té sobre éste
y vuélvalo a dejar
toda la noche
en su ventana.

A la mañana siguiente,
quite la tela,
saque el cerebro
y báñelo con miel.

Métalo al refrigerador,
váyase a trabajar,
maldiga su rutina,
infrinja una ley,
odie a su prójimo,
piense en el pasado,
multiplique sus derrotas,
gire a la derecha,
recuerde a Cecilia,
o a José Luis,
lea el infolio,
suscriba lo procedente,
presida su silencio,
robe un chocolate,
fume un cigarro,
póngase a cagar,
a orinar,
a contradecir su voz interna,
rásquese un huevo,
una teta,
chúpese el dedo,
planifique su futuro,
póngase metas,
elija su asiento,
cierre la boca
y observe cómo la vida pasa
sin necesitar
de su presencia.

Regrese a casa,
afloje su corbata,
su corpiño,
abra el refrigerador,
saque el cerebro,
y muérdalo
con los ojos cerrados.

En pocos minutos
usted se encontrará
volando
en un cielo amarillo
y verá brotar de su cuerpo
pequeñas escamas ambarinas.

Será entonces
usted
un viruleano
y podrá llevar a cabo
todo aquello
que le ha sido vedado.



*Texto de Fernando Paredes del libro Matamoscas 
http://revistareplicante.com/de-como-preparar-viruleanos/

viernes, junio 01, 2012

PARA PROVOCAR SUEÑOS ERÓTICOS


2008-06-09




Un kilo de razón fuerte
Tres gallinas blancas
Una cabeza de ajos
Cuatro kilos de miel
Un espejo
Dos hígados de ternera
Un ladrillo
Dos pinzas para ropa
Un corsé con ballenas
Dos bigotes postizos
Sombreros al gusto


Se despluman las gallinas, conservando cuidadosamente las plumas. Se ponen a hervir en los litros de agua destilada o de lluvia sin sal con la cabeza de ajos pelados y molidos. Se deja hervir a fuego lento. Mientras hierven las aves, colóquese la cama oriental de noroeste a sudeste y deje reposar con la ventana abierta. Ciérrese la ventana media hora después y colóquese el ladrillo rojo bajo la pata izquierda de la cabecera de la cama, que debe estar al noroeste. Déjese reposar. Mientras reposa la cama, rállese directamente sobre el caldo la razón fuerte, teniendo cuidado de que las manos estén constantemente impregnadas por el vapor. Resuélvase y déjese hervir. Se toman los cuatro kilos de miel y se extienden con una espátula sobre las sábanas de la cama. Tómense las plumas de las gallinas y espárzanse sobre las sábanas embadurnadas de miel. Tiéndanse la cama con cuidado. 

No es indispensable que las plumas sean blancas, pueden también usarse de color, pero hay que enviar las llamadas gallinas de Guinea, pues éstas producen a veces un estado ninfomaníaco de larga duración o graves casos de priapismo. Póngase el corsé bastante apretado. Siéntese ante el espejo, afloje su tensión nerviosa, sonríase, pruébese los bigotes y los sombreros según sus gustos (tricornio, napoleónico, capelo cardenalicio, cofia con encajes, boina vasca, etcétera). Ponga en un platito las dos pinzas para ropa y déjelo junto a la cama.

Entíbiense al baño María los hígados de ternera, teniendo mucho cuidado de que no lleguen a hervir. Colóquense los hígados tibios en lugar de la almohada (en casos de masoquismo) o en ambos lados de la cama, al alcance de las manos (en casos de sadismo). A partir de ese momento, todo debe terminar de hacerse a gran velocidad para impedir que los hígados se enfríen. Corra y vierta velozmente el caldo (que debe estar muy reducido) en una taza. Regrese con ella apresuradamente ante el espejo, sonría, beba un sorbo del caldo, pruébese un bigote, beba otro sorbo, pruébese un sombrero, beba, pruébese todo, tome sorbitos entre prueba y prueba y hágalo todo tan velozmente como sea capaz. Ya ingerido el caldo, corra a la cama, acuéstese entre las sábanas preparadas, tome rápidamente las pinzas para ropa e introduzca en cada una de ellas el dedo pulgar del pie. Estas pinzas deben conservarse toda la noche y colocarse en un ángulo de 45 grados en relación con el dedo, oprimiendo firmemente la uña.

Esta sencilla receta da siempre buenos resultados si las personas normales pueden ir placenteramente del beso a la estrangulación, de la violación al incesto, etcétera, etcétera. Las recetas para casos más complicados, como son los de necrofilia, autofagia, tauromaquia, alpinismo y otros, se encuentran en un volumen especial de nuestra colección: Consejos discretamente sanos.

Atte. Remedios Varo

sábado, mayo 05, 2012

Receta de cocina

dedicado a sus amigos de la red








- Un callo de
Madrobyo
- Un cabello de
guy
- Un caballo de madera
- El clítoris de
RH
- El aliento de
Vogelfrei
- Orines del gato de
Iolanthe
- Leche materna de Ganso
 


Mezcle los orines con el aliento y chamusque el cabello mientras frota el clítoris con el callo.

Luego súbase al caballo y diviértase como enano.


Matamoscas*

Ilustración: Zertuche Slecht Leven, Aguascalientes, Ags. México. 2012. Iba a sentarme a escribir pero me puse a matar moscas. No ...