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Burgués

Por la boca mueren el pez y el necio. Los necios son peces a los que se les sofríe lentamente en mantequilla. La matequilla es el caviar de las vacas. Las vacas son mujeres tetonas y estúpidas. Las tetonas estúpidas son muy buenas esposas y a las buenas esposas se les engaña con la comadre.
La comadre, por lo común, se llama Graciela.

Aprendí que al búnker se le escamotea desde dentro. Se necesita paciencia de Gandhi para continuar retando al imperio social y yo no soy hindú que sólo requiere semillas de girasol para vivir. Además, me gusta que el mundo sea como es: injusto, represor, temeroso y asesino; es decir, humano. Y al decir Humano, también digo ingenioso, loco, asombroso constructor de fantasías, insaciable soñador de belleza, accidente premeditado para que el universo pueda ser un vecindario ancestral. Y también digo: apocado, ignorante, vanidoso, hablador, traicionero, solitario, eyaculador precoz.

Me gusta que los buenos tengan cosas que ocultar y que los malos sean ejemplares padres de familia. Me gusta que los revolucionarios pierdan y los ateos vayan a misa. Me gusta que algo cambie para que todo siga igual.
Lo único que no me gusta es que las mejores mujeres las traigan los chaparros panzones con mucho dinero.

Hay que reírse, con ojos chiquitos y lengua seca. Hay que tirarse a ver cómo todo pasa y después volverse a tirar. Hay que tomar conciencia y hacer con ella una hoguera los días de frío polar.

Yo abogo por la mediocridad, por pasar como Juan por su casa, sin que nadie diga, sin que nadie apunte, sin que nadie voltee. No confundir, pero tampoco aclarar nada. No retar, pero ganar la partida. No interrumpir, simplemete retirarme cuando esté harto.
Que la mantis religiosa aparente ser una brizna de césped es lo que la hace peligrosa.
Aunque el único peligro real que represento es para conmigo.

Ningún sistema político-económico, ninguna revolución acaudillada, ni una sola de las filosofías salvan al hombre de seguir siendo hombre. El Papa caga igual que el asesino, el asesino sueña igual que el poeta, el poeta sana igual que la enfermera, la enfermera fuma igual que sus pacientes, los pacientes van desde el presidente hasta el señor que cayó de su bicicleta, sangrando igual que el cerdo, el perro o la gallina.

Me informan los genetistas que la diferencia entre un chimpancé y la nueva Miss Universo representa sólo el 2% de la información del ADN, y que ese porcentaje no se refiere a la cantidad sino al acomodo de los cromosomas. Es decir que no somos peludos y felices nomás porque nosotros tenemos una A donde ellos tienen una T.
Aunque es sabido que varios chimpacés son reconocidos estadistas.


Yo me hago pendejo discretamente. Mi capacidad de asombro disminuye o crece según como haya dormido anoche. Soy un truhán, soy un señor, laralála.
Desengañado, no deprimido. Deprimido, no desesperado. Desesperado, pero me sobra el tiempo. Dirán: “Este es un pinche burgués”. Contestaré: “Claro, y le voy al América”. (Los burgueses estamos en peligro de extinción y el mundo, se los aseguro, nos extrañará).

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Tal cual

Yo soy el marihuano que te lleva serenata,
Acompañado de borrachos,
Policías
Y un coro de ranas,
A las cinco de la tarde
De un martes de diciembre,
Con los ojos vendados,
En traje de astronauta.

Yo soy el drogadicto que todos los días llama
A la estación cumbanchera
Y pide esa cancioncita
Que te alegra la mañana.

Me gusta
Que te guste
Lo que busco;
Me busca
Que te encuentre
Y haga bizcos.
Me visto
Que te pones
Lo que uso;
Me uso
Que te pase
Lo que pasa.

Yo soy el borrachito que se pone terco
Alegando tus silencios,
Blandiendo poses,
Roncando como puerco,
Y despierta enfadado
Y Perdido.
Sin pies.
Sin cogito, sin sum, sin ergo,
Para después perderse
En la más triste de las farsas,
En las faldas
De la esperanza que aun albergo
De un día verte feliz en la terraza.

Soy el buenoparanada
Que te hace de comer
Como nunca has comido
Ni volverás a hacer.
Soy el malagradecido
Hijo de puta
Bastardo y cariñoso,
Tonto y orgulloso,
Limpio y apestoso,
Que siempre te da las gracias.

El respetuoso,
El c…

Fernando Paredes

Epítetos, poesías, pituitarias

2007-02-26






Hey,


Corazón,


Tengo dos manos ansiosas por escribirte lo mucho que te quieren escribir, pero nomás no saben cómo, no se ponen de acuerdo en el qué, el matiz, el tono, la figura, el aliento, el sentido concreto de esto que aparece de vez en cuando en la mirada, de vez en cuando en mis oídos, como un algo que no sé qué pedo, algo que eres tú sin serlo, cosas raras que traen pegada tu forma de andar, tus ojos quietos, tu cuerpo largo, a Hendrix, a Isabel y Lucrecia, y tus bracitos de agua, y tus nalguitas de niño nalgón, y tu voz clara, liviana, hipnotizante, floja, floja, floja, tirada en la cama, sonriendo, desnuda, hermosa, vamos a comer gorditas de chicharrón, abramos las persianas que de todas formas están abiertas, bailemos en cada semáforo rojo, tiremos la hueva al compás de una fuente dominguera, la marcha de Zacatecas, el centro de la nación, chocos de fresa, esquites subtitulados, Bill Whithers canta ain’t no sunshine wen she’s gone, y la pila de libros inútiles me ac…